Tortícolis
Publicado el 13 de Diciembre de 2007 - Categoría Recuerdos de chico - Autor: Jaime H. Stinami
Hubo una vez en mi vida que tuve un espasmo doloroso, de origen inflamatorio o nervioso, de los músculos del cuello, que me obligó a tener éste torcido con la cabeza inmóvil.
El motivo fue que una madrugada de un viernes a un sábado me la pasé hasta las dos o las tres de la mañana tumbado en el sofá en una posición manifiestamente inadecuada viendo algo en la tele. Primero vi el final de un concierto de música clásica, con casi total seguridad.
Lo que venía a continuación era lo que de verdad me interesaba. Unas estrellitas bailando al ritmo del Faith de George Michael y Ramón Trecet con algún invitado o con Esteban Gómez en muchas ocasiones hablando de la NBA y retransmitiendo un partido completo.
El partido de la tortícolis no recuerdo cuál era, ni me importa. Lo que sí recuerdo son aquellos jugadores que parecían tan buenos, tan altos, tan … lejanos. Aquellas canchas: el Fórum de Inglewood, el Boston Garden, el Chicago Stadium, el Palace de Auburn Hills (y anteriormente el Silverdome de Pontiac). Aquellas secciones que Trecet se inventaba cada semana casi: canasta de la semana, el jugador de la semana, jugada tonta de la semana, ding-dong de la semana (el único ding-dong de la semana que recuerdo era una canasta de Mark Aguirre aún en Mavericks: “se va paralelo a la línea de fondo, y suelta eso“).
El amigo Trecet ha tenido todo tipo de homenajes por los frikis que le veíamos aquellos años. Es inevitable. Si estás a esas horas viendo a un hombre con barba gritando: “nos vamos a chicago”, “es mi hombre, quiero que gane”, “cata-crock”, “y nueva york, je je, nueva york va la primera”, “dios mío, ¡qué noche!”, “ding-dong”, “le han dado 43′2 puntos por no hacer nada”, “se está inflando las zapatillas, su casa de zapatillas tiene que estar contentísima”, y un largo etc. y no te vas a dormir es porque al día siguiente en el partido de cadetes o de infantiles que tú juegas, te pasas la rueda de entradas del calentamiento escuchando esas voces en tu imaginación cada vez que metes una.
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[...] El vídeo no tiene desperdicio, las mesas, los platos, ese jersey, esa barba. Lo mejor, el final de Ramón Trecet en estado puro: “Si escribís, si sois capaces de escribir, repetimos el partido”, y la sintonía del Faith de George Michael con esas estrellitas azules. Madre mía, ¡cuántas estrellitas azules de esas vi aquellos años a las tantas de la mañana!. Les debo mucho sueño, muchos sueños imposibles, y una tortícolis. [...]