Hombres de pelo en cara
Publicado el 3 de Octubre de 2007 - Categoría Recuerdos de chico - Autor: Jaime H. Stinami
Me direis lo mismo que Modestia Aparte (¡gran grupo y mejores personas!): que son cosas de la edad, pero los jugadores de antes, los de los 80, los que yo admiraba y cuyas fotos ponía en la pared de mi cuarto con fixo para no hacer agujeros con chinchetas; esos jugadores, eran hombres. En cambio, los jugadores de ahora, los actuales, son adolescentes con espinillas.
No me sirve la comparación de tamaños, estatura y capacidad física ni técnica: tengo ojos en la cara y sé que actualmente son superiores en todo. Pero seguirán siendo zagales más altos, más fuertes y mejores; pero zagales. Zagales barbilampiños impúberes.
Y presento además un argumento irrefutable: ya no hay barbas ni bigotes.
Pero bigotes de los de verdad, no pelusilla. Me refiero a un bigote cuidado, a un bigote estilo profesor Girafales. No tiene por qué llegar a la categoría de mostacho, pero no me sirven imberbes adolescentes como los que ahora saltan por las canchas de baloncesto.

Yo echo de menos bigotes de señores, de padres, de hombres hechos y derechos. Hombres hechos y derechos es lo que eran para mí jugadores como Alberto Ortega, Manolo Flores, Ralph McPherson, Piculín Ortiz, Mike D’Antoni, Arturo Seara, Emilio Nicolau, Mike Schlegel, Bill Hanzlik, Greg Kite. Kurt Rambis (a estos dos últimos los considero “jugadores” en un gran alarde de generosidad por mi parte), Rimas Kurtinaitis, Valdemaras Homicius, Mike Phillips, el mismo Larry Bird,…
No tengo en consideración a los jugadores de color, negros, afroamericanos (¡uf!, como cada uno quiera ponerle).
Ellos tienen ventaja, pueden tener bigote, barba o lo que sea. Pueden ponerse el pelo como quieran, siempre están bien. Pueden ir por la calle vestidos de cualquier color y formato. No importa. Pueden tener un aspecto que para un blanco, europeo, (¡uf!, como cada uno quiera ponerle), sería absolutamente ridículo. En realidad, creo que todos, salvo Larry Lewis tienen o han tenido un “bigotillo” que no llega a ser bigote, pero que tampoco es pelusilla. En fin, entraríamos en consideraciones que sobrepasan el alcance de nuestro blog. Lo dejamos como ejercicio para el lector.
Y si apuramos un poco, incluso las barbas de antes eran barbas de profesor universitario, barbas pobladas o barbas recortadas y cuidadas.
O perillas, pero cuidadas y afeitadas. Barbas de señores que se vestían tras el partido y podrían pasar por ministros. No cuatro pelos mal afeitados de niñatos que si se visten tras el partido podrían pasar por niñatos recién duchados tras un partido.
Yo echo de menos barbas de señores, de padres, de hombres hechos y derechos. Hombres hechos y derechos es lo que eran para mí jugadores como Iñaki Garayalde, Rafa Rullán, Iturriaga, Indio Díaz, Manuel De las Casas. Germán González, Luis Álvarez, Stojko Vrankovic, Vlado Divac, Mark Eaton,…
Érase un jugador moreno a un bigote rubio (¿o pelirrojo?) pegado: Pedro César Ansa. Él es la muestra de que estamos en otra epoca baloncestística, ¿alguien puede imaginar un jugador actual con ese aspecto? No es como imaginar a otro Quino Salvo, cuyo aspecto es irrepetible, pero porque implica unas condiciones físicas que no puede tener un jugador actual. El bigote de Ansa era simplemente irrepetible en sí mismo. ¿O no?
Comentarios
3 Respuestas a “Hombres de pelo en cara”
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jajaja, totalmente de acuerdo contigo, ¡que vuelva el bigote y la barba!
Carlos Cabezas debe pensar lo mismo que tu y de ahi una barba de señor mayor, de sabio, de experto…..
jejeje, es cierto, Carlos Cabezas puede servir de contraejeplo… Hombre, Cabezas igual se lo deja que se lo quita; y más aún estos días por la infección. Casi seguro que estarás de acuerdo conmigo en que no es un hombre con barba, sino un hombre que a veces se deja la barba. No es como su padre que tiene bigote casi desde que nació…
[…] Genial artículo en el que Jaime H. Stinami (www.guardandolapizarra.com) hace una comparación entre los “hombres” del baloncesto de hace unas décadas y los “niños” del baloncesto actual desde un punto de vista diferente: el vello facial. Y es que como dice el propio autor “ya no hay barbas ni bigotes”. Curioso artículo que no tiene desperdicio […]